Contra la cinemafobia y la turismofobia en las Islas Canarias

| 16 junio, 2017
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star wars Jandía

Artículo de Michel Jorge Millares para Islas Bienaventuradas

La promoción canaria en el cine tiene detractores. Y los territorios que compiten con nuestras potencialidades se frotan las manos. Digo esto porque en los últimos días hemos podido saber que algunas empresas han visto cómo Hacienda se ha interesado por el cumplimiento de los criterios previstos para poder acceder a las interesantes ventajas fiscales que ofrece el rodaje en las islas. Lo cual es lógico, si bien habría que hilar fino para que no se produzca un ‘acoso’ a estas actividades o, en su caso, que los funcionarios no tengan dudas a la hora de comprobar la aplicación de los criterios. Y digo esto porque también en estos días el Supremo ha sentenciado que las subvenciones al transporte de tomates desde Canarias al continente eran correctas y que el funcionario que las paralizó no tenía razones para ello. Otra cosa es el daño que ha supuesto para el sector agrícola el no abonar en su tiempo esas subvenciones al transporte y el largo litigio que ha tenido lugar para poder recuperar lo que les correspondía a las empresas exportadoras. Y después los políticos hablan y hablan de crear empleo cuando actuaciones de este tipo han destruido el poco que quedaba en el sector primario.

También hemos conocido por los medios la denuncia sindical respecto al pago de horas extraordinarias a los extras y colaboradores en el rodaje de la secuela de ‘Star Wars’ en Fuerteventura. Resulta que la productora, Disney, contrató dos empresas, una británica y otra de Tenerife para que gestionaran dichas contrataciones. Pues resulta que la empresa tinerfeña abusaba de los horarios de los trabajadores sin remunerar esas horas extras, y trataban a los empleados temporales de forma casi esclavista, sin darles alimento ni agua para aguantar en el paisaje desértico de Jandía, según las denuncias sindicales presentadas ante la Inspección de Trabajo. Está claro que no es la actividad cinematográfica la culpable, al tratarse correctamente a los empleados contratados por la entidad británica y no así por parte de la empresa tinerfeña ‘Sur Film Productions’ que no ha contestado a los requerimientos de los periodistas para aclarar su papel en el sentido de si han actuado como explotadores o erraron en el presupuesto a la hora de cerrar el contrato con Disney.

Por otro lado, está el hecho de que el rodaje se produjo en un Parque Natural, el de Jandía, que abarca (casi) toda la península majorera. Lo cual ha dado lugar a que se critique la presencia y trabajos de la producción cinematográfica en un espacio protegido. Hay que tener en cuenta que el Parque Natural tiene una extensión de 14.318,5 hectáreas (143.185.000 metros cuadrados), donde campan a sus anchas burros salvajes y cabras, pero que no todo este territorio tiene un mismo tratamiento, de hecho en el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural (PRUG) hay una zona de sensibilidad ecológica cuya protección es mucho más restrictiva que el resto del Parque. También cuenta con un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), por lo que habrá que remitirse a esos documentos para la correcta utilización del territorio. Asimismo, el Parque está dentro del catálogo europeo de Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA), si bien hemos de recordar que los propios colectivos ecologistas consideraron que esta protección no debía ser tomada en cuenta cuando se planteó construir un parque eólico justo en el istmo de La Pared, lo que podría perjudicar el tránsito de aves (en particular la hubara y el guirre) entre los dos grandes territorios de Fuerteventura.

Me preocupan estos temas porque se está dando una imagen negativa de la gran oportunidad que supone para las Islas Canarias la actividad de las grandes producciones cinematográficas, ya sea por la posible arbitrariedad o exceso de celo de Hacienda, por la escasa profesionalidad de empresas de las islas, o por el planteamiento restrictivo de las normativas ambientales en unas islas en las que más de la mitad de su territorio tiene algún tipo de protección. Quizás deberíamos sentarnos a meditar y solucionar estas cuestiones (y no olvidemos las trabas burocráticas que en estas islas paralizan cualquier iniciativa) para que podamos diversificar y especializar nuestra economía con actividades de alto valor añadido, no sólo para el turismo, sino también para la industria audiovisual y las industrias culturales.

No voy a contar aquí lo que supone para las Islas Canarias el rodaje de grandes producciones cinematográficas. No sólo permite dar a conocer la marca isleña y sus variados paisajes, sino que atrae a ese turismo de rutas por escenarios cinematográficos que no está interesado por el sol y playa (que también les puede interesar) ni por el botellón. Así que a ponerse a trabajar y a evitar que se extienda la cinemafobia entre los isleños y esos brotes de turismofobia que ya conocemos.

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Categoría: Michel Jorge Millares, Artes Visuales, Fuerteventura

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